

*Bonilla informó; Hugo naufragó
*El pacto bajo la mesa
*Protestar te vuelve enemigo
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El Informe de Gobierno de Marco Bonilla dejó varias lecturas políticas el fin de semana, desde la presencia y el respaldo de panistas de todo el país hasta la asistencia de exgobernadores priistas y de algunos opositores que reconocieron el trabajo del alcalde capitalino.
Más temprano se entregó la glosa ante el H. Ayuntamiento. Diría «Honorable», pero lo dejamos solo con la inicial, porque difícilmente puede ser honorable con personajes como Hugo González, Félix Martínez, entre otros.
Fue, de hecho, Hugo González quien subió a emitir su posicionamiento, aunque fue difícil entenderle, pues no supo leer lo que evidentemente él no escribió. Muy nervioso, se trabó en todo momento; no comprendía las cifras que traía en su documento y, aunque solo repitió el tema de la renta de las patrullas y lo de Mápula, ni sus aliados lo respaldaron.
Hugo González presentó el mensaje a título personal y no en nombre de Morena. Fue el único regidor al que nadie aplaudió; al final, nadie lo respaldó ni lo acompañó, y no le quedó más que irse lleno de vergüenza, solo y muy, muy enojado. Subió a cuestionar las cifras de Bonilla… y terminó poniendo en duda hasta las propias.
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La salida de Juan Blanco sigue dejando ver más marranero dentro de uno de los equipos que buscan, a como dé lugar, apoderarse de la candidatura del PAN a la alcaldía capitalina.
Aunque en principio se confirmó que Juan Blanco fue echado del Gobierno del Estado por andar apoyando a César Jáuregui, el candidato que va contra la casa, el asunto va más allá. Resulta que se filtraron algunos audios en los que gente que opera para Jáuregui, por medio de Juan Blanco, ha estado acarreando personas a sus eventos, pero con la marca Cruz.
Lejos de velar por el PAN, la unidad y el bastión anti-Morena que ha representado Chihuahua, César Jáuregui está con su compadre Cruz Pérez Cuéllar, con quien pretendería promover el voto cruzado; es decir, Morena para la gubernatura y PAN para la capital.
La cloaca destapada podría provocar más despidos, no solo en el Gobierno del Estado, sino también en el Municipio. Es inaceptable que desde dentro operen en contra de la casa, muchos de ellos viéndose pintados de guinda el próximo año.
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Claudia Sheinbaum olvidó en Colima una diferencia elemental: que no gobierna solamente para quienes votaron por ella, gobierna para todos los mexicanos.
Durante un acto de su gira por el Segundo Informe, un grupo protestó y la respuesta presidencial no fue escuchar ni explicar, sino descalificar: “prianistas”, “irrespetuosos” e “infiltrados”. Incluso sostuvo que, si la demanda fuera legítima, aceptarían reunirse después. Como si el gobierno pudiera decidir cuáles reclamos son auténticos y cuáles merecen ser arrojados al basurero partidista.
Sheinbaum ya no es candidata, jefa de campaña ni dirigente de Morena: es la presidente de México. Puede considerar injustos los abucheos, responder a las críticas y defender sus decisiones, pero no tiene derecho a repartir certificados de ciudadanía según el volumen de los aplausos.
Gobernar también significa soportar el reclamo, escuchar a quien desconfía de la Cuarta Transformación y reconocer que la oposición no desaparece por llamarla infiltrada.
Lo más grave de Colima no fueron los gritos, sino el reflejo autoritario que provocaron: si aplaudes, eres pueblo; si cuestionas, eres enemigo. Esa lógica podrá servir para encender una plaza, pero es veneno para una democracia. La presidente exige respeto para hablar; los ciudadanos exigen respeto para protestar. La diferencia es que ellos ejercen un derecho y ella cumple una obligación.
Qué frágil resulta el poder cuando un puñado de gritos le arranca la máscara, el pueblo bueno parece dejar de serlo… justo cuando deja de aplaudir.


